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viernes, 15 de febrero de 2013

ISORA, HISTORIA DE UNA MANADA DE CALDERONES


INTRO DEL DOCUMENTAL "ISORA, HISTORIA DE UNA MANADA DE CALDERONES" from Rafa Herrero Massieu on Vimeo.

“Isora, historia de una manada de calderones”, es un documental de 53 minutos que relata la vida de una manada de calderones residentes en las islas Canarias, de su espacio y de los habitantes que comparten ese espacio. Financiado por la Fundación Canaria Mapfre Guanarteme y realizado por Aquawork producciones.

Se presentó el día 22 de noviembre en Gran Canaria, el día 24 en Valladolid, el día 27 en Tenerife y el día 30 de noviembre en Vigo.

Dirección y Fotografía: Rafa Herrero Massieu
Guión: Guillermo Delgado
Banda sonora: Christian Johansen

Más información en: http://nacidasdelmar.blogspot.com.es

sábado, 10 de septiembre de 2011

ISLAS CANARIAS nacidas del mar: El espacio pelágico


EL ESPACIO PELÁGICO from Rafa Herrero Massieu on Vimeo.

Piélago es el alma del océano, una vasta extensión de mar de más de un billón de kilómetros cúbicos de agua. Un mundo oculto con una vida sorprendente de la que apenas conocemos algo.

Visto en: Nacidas del Mar

martes, 15 de febrero de 2011

jueves, 16 de diciembre de 2010

La Ley sobre el Mar Canario: Un éxito incomprendido por Antonio Rodríguez de León*

Antonio Rodríguez de León
De momento es un primer paso adelante. El siguiente paso será su redacción en el Estatuto de Autonomía y el tercer y definitivo paso, que la Autonomía Canaria figure en la Constitución Española sin contradicciones con el Derecho Internacional del Mar.

En repetidísimas ocasiones se presentaba en las Cortes Generales Propuestas de Ley para la Delimitación de los espacios marítimos españoles en el mar canario, con el objetivo de que el Estado nos reconociera como un territorio archipelágico uniendo el conjunto de islas e islotes con sus respectivos espacios marítimos circundantes, compuestos por mar territorial, zona económica exclusiva y fondos marinos, de acuerdo a la Ley.

Mientras, los gobiernos de UCD, PSOE y PP negaban aprobar dichas propuestas alegando que era inconstitucional por ser incompatible con el Derecho Internacional del Mar, a lo que solo reconocía dicha Delimitación a los Archipiélagos que son Estados, y Canarias no lo es. El mismo Tratado Internacional del Mar, dice que otro archipiélagos que no son Estados y que reúnan condiciones geográficas e históricas, podrán tener la misma consideración bajo una Autonomía Plena Interna. En el mundo existen varios archipiélagos no Estados, que tienen delimitados su territorio archipielágico con sus espacios marítimos, en sus autonomías y en la Constitución al Estado al que pertenecen.

El interés de los canarios es reflejar la unión entre las islas y las aguas que las separan, formando una unidad territorial española y buscar la mejor forma jurídica para que terceros Estados no interfieran en dichos espacios marítimos españoles sin la previa autorización correspondiente de quien ostente las competencias sobre dichas aguas interiores.

En los años de la transición se conocía dos propuestas para lograr la delimitación de los espacios marítimos de Canarias. Una era la más directa: un Archipiélago Estado, y otra con Leyes Marítimas internas españolas. La primera era una rápida ruptura con el Estado y para ello teníamos que buscar el apoyo mayoritario no solo del pueblo, sino también del reconocimiento internacional. Ahí tenemos el problema del Sahara como amarga experiencia inalcanzable. La segunda tropezaba por la falta de base jurídica en su defensa, los diferentes ponentes, Baeza, Barbuzano, Ríos y Paulino, tropezaban una y otra vez en la misma piedra; la ley española era de rango inferior a la ley internacional, por lo tanto los argumentos del Estado era siempre el mismo, se rechaza por su inconstitucionalidad.

Contra ambos argumentos fracasado a lo largo de la historia, surgió en el año 2004 un nuevo proyecto con el objetivo de lograr una delimitación marítima que fuera poco a poco acercándose a su reconocimiento internacional. Primero había que buscar la concienciación del pueblo a través de mociones en todos los municipios y cabildos de las islas, elevar la nueva propuesta al gobierno canario, al Estado y a la Unión Europea para finalmente si fuese necesario, ante las Naciones Unidas.

La defensa de esa nueva iniciativa tenía que estar basada en la propia Constitución española, en el Derecho Internacional del Mar y en el Derecho Internacional Comparado, o sea, con las mismas herramientas jurídicas del Estado podíamos alcanzar nuestro sueño que era utópico, pero realizable si se trabaja incansablemente. Y después de este tiempo, por fin comienza el primer paso; la aprobación de una Ley que delimitará históricamente las aguas marítimas de Canarias bajo la jurisdicción del Estado español. Dicha Ley se denominará “aguas canarias”, que en el Derecho Internacional significa “aguas archipielágicas”, y con las mismas aplicaciones al ser coincidentes las aguas interiores y la zona económica exclusiva. Esta Ley se aprobará a final de este mes, y al eliminar la palabra jurídica “aguas archipielágicas”, y al hacer mención de que dicha “Ley de Aguas Canarias” respetará el vigente Tratado Internacional del Mar, careciendo de contenido jurídico a efectos internacionales, siendo una Ley unilateral española que no obliga a terceros Estados.

De momento es un primer paso adelante. El siguiente paso será su redacción en el Estatuto de Autonomía y el tercer y definitivo paso, que la Autonomía Canaria figure en la Constitución Española sin contradicciones con el Derecho Internacional del Mar. La Ley de aguas canarias tendrá carácter de Ley Orgánica, y producirá consecuencias internacionales cuando en la Constitución Española figure el Estatuto de Plena Autonomía Interna que recomienda el Derecho Internacional del Mar para los archipiélagos no Estados.

Dicen de esta Ley que no tiene valor alguno, que es papel mojado e incluso que va contra el artículo 132 de la Constitución que dice de los espacios marítimos y de sus recursos naturales, que son bienes de dominio público del Estado, por ello es falsa. Nosotros decimos que para eso está el Tribunal Constitucional y serán quienes niegan que una Ley aprobada en las Cortes Españolas los que presente recursos de inconstitucionalidad. Casi están diciendo que existe una prevaricación por aprobar una Ley a sabiendas que la Constitución no lo permite. Estos sujetos pretenden que Canarias tenga aguas que separen las islas y las ocupen terceros Estados, o pretenden también que España no legisle sobre su soberanía marítima y jurisdicción de la zona económica exclusiva. También las islas tienen derecho a las 200 millas de ZEE, y las aguas dentro del perímetro archipielágico tienen esa condición, a la que la nueva Ley llamará “aguas canarias”. Y lo que es de soberanía del Estado la Ley puede ceder competencias.

Y para aquellos que dicen que es contrario al Derecho Internacional del Mar, deberán esperar a que terceros Estados presenten sus quejas y denuncias ante el Tribunal Internacional de la Haya. El Tribunal Constitucional fue el primer objetivo que nos marcamos desde la primera moción presentada ante las instituciones canarias. El segundo era provocar que una delimitación controvertida como es esta Ley, fuese denunciada por terceros Estados ante el Tribunal Internacional de Justicia.

(*) Presidente de la Plataforma por el Mar Canario

lunes, 13 de diciembre de 2010

Aguas canarias por Fernando Ríos Rull *

La principal consecuencia de que se apruebe la Ley de Aguas Canarias, actualmente tramitándose en las Cortes, es que el archipiélago verá ampliado su ámbito territorial, que abarcará tanto los espacios terrestres como los marinos, lo que supondrá el primer reconocimiento de la integridad territorial de Canarias. En efecto, si acudimos a cualquier diccionario de la lengua, el término archipiélago alude a una extensión de mar poblada de islas; esto es, a una unidad o conjunto que da a entender que es inescindible un elemento del otro, el mar de la tierra. La ley que presentó Coalición Canaria -y que deberá ser ratificada por el nuevo Estatuto-, pese a quien le pese, viene a zanjar una reivindicación histórica de los canarios: que política y jurídicamente se plasme esa unidad de Canarias a través del reconocimiento de nuestras aguas como parte del territorio. El mar, las aguas que nos rodean, que nos separan pero a la vez nos unen, son un símbolo de la identidad canaria.

Esto, que a la mayoría de los canarios nos parece obvio por evidente, ha sido sistemáticamente rechazado desde el Estado español (independientemente del partido político que ostentara el Gobierno de turno: primero fue la UCD con el primer Estatuto, después el PSOE y el PP cuando ocuparon responsabilidades de Gobierno, con la circunstancia de que siempre que estaban en la oposición apoyaban la iniciativa); de la misma manera que es negado por quienes, desde posiciones excluyentes, consideran -cual dogma sagrado- que únicamente los Estados archipielágicos pueden ver reconocidos tales espacios, y por aquellos a los que les perjudica en sus intereses (espurios) que Coalición Canaria aparezca ante la opinión pública como la única fuerza nacionalista que ha conseguido que sean reconocidas las aguas canarias.

Esta cuestión del reconocimiento de las aguas archipielágicas ya se planteó tanto en el primigenio Estatuto de Autonomía como en la reforma de 1996, aunque, por presiones de Madrid, desapareció en ambos casos de su redacción final. Ahora es el momento de reconocer definitivamente que las aguas son territorio de Canarias a través del criterio de líneas de bases rectas, que configurarían un perímetro archipielágico a partir del cual fijar la anchura de los distintos espacios (dentro del perímetro, aguas canarias y, hacia el exterior, mar territorial y zona económica exclusiva).

Pese a que con demasiada insistencia es utilizado -como único y falaz argumento- por quienes se oponen, la delimitación de los espacios marítimos no contraviene las normas de Derecho Internacional (no lo digo sólo yo, lo señalan eminentes catedráticos de Derecho Internacional de talla mundial, como los profesores Antonio Remiro Brotons, Paz Andrés Sainz de Santamaría o Carlos Espósito). Así, la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, celebrada en Montego Bay (Jamaica) en 1982, no prohíbe el trazado del espacio archipielágico en los Estados mixtos, como somos los llamados archipiélagos como Canarias, que con territorios continentales forman un Estado. Por el contrario, es perfectamente posible que dichos Estados, si lo estiman oportuno, desarrollen esta práctica que, al no existir una prohibición expresa en la Convención, no es contra legem. De hecho, dicha delimitación la han realizado múltiples países respecto a sus propios archipiélagos; por ejemplo, Australia (en las Islas Houtman), Dinamarca (en las Feroe), Noruega (en las Spitzberg) o Ecuador (en las Galápagos). En la misma línea, dadas las relaciones de vecindad con el Estado español, es significativo el caso de Portugal respecto a Azores y Madeira. Sus Estatutos de Autonomía, como va a hacer la ley que se aprobará en las Cortes, determinan el territorio de estos archipiélagos autónomos, que comprende también, además de las islas y los islotes, "el mar circundante y sus fondos, definidos como aguas territoriales y zona económica exclusiva, en los términos de la ley". Ello sin contar con que la propia Convención del Mar, en su artículo 305, prevé la posibilidad de que los territorios dotados de plena autonomía sean parte de la Convención, siendo perfectamente factible que Canarias sea considerado internacionalmente un territorio de tal naturaleza, lo que nos equipararía a los Estados archipielágicos.

Además de la consideración identitaria, esto es, de la consideración de las aguas como parte inherente a nuestra condición archipielágica -que por sí sola ya sería un incuestionable logro-, la cuestión también tiene su trascendencia desde la óptica competencial, pues el territorio, sea terrestre o marítimo, de la Comunidad Autónoma es el ámbito espacial en el que Canarias va a ejercer su autogobierno y sus competencias, y es límite de la eficacia de sus normas jurídicas, por lo que se considera imprescindible conocer cuál es ese territorio archipielágico.

Por ello, la nueva ley proclama que, además de ser canarias las aguas que nos circundan, sobre ellas se ejercerán las mismas competencias que ya desarrollamos según el actual Estatuto, ampliándose a materias tales como pesca en las aguas que queden dentro del perímetro archipielágico, protección del medio ambiente, espacios naturales, vertidos al mar, yacimientos arqueológicos, generación de energía o ejecución en materia de salvamento marítimo, así como del polémico tema de las prospecciones petrolíferas en las aguas cercanas a Lanzarote y Fuerteventura, pues desde el momento en que se reconozcan que esas aguas son canarias la competencia para autorizar o no las prospecciones son del Gobierno de Canarias.

En fin, ese reconocimiento de nuestras aguas supone un paso firme hacia la construcción nacional canaria, en la medida en que cada día cala con mayor fuerza en la conciencia de los canarios la idea de que hemos dejado de ser meras islas para convertirnos en archipiélago, esto es, en un territorio fragmentado pero con vocación de unidad cuyo pueblo tiene en sus manos la capacidad de decidir su futuro. El tiempo dirá hasta dónde.

* Miembro del CPN de Coalición Canaria